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Greater benefits for many in their daily battle of life.
Muriendo…y después vivir.   

A los once años edad me encontré en un hospital en Los Ángeles, California, donde mi madre moría.  Yo era el mayor de tres hermanos.  Nuestro padre, de origen mexicano, nos había abandonado siete años atrás. Siendo yo el mayor, los médicos me informaron que me prepara porque mi mamá no iba a vivir más.  Ella trabajaba para mantenernos y nuestros abuelos, sus padres, nos apoyaban en algo. Pero muchas veces, mis hermanos y yo nos encontrábamos solos y en la calle.  En ese momento de desesperación, corrí a la capilla del hospital, me puse de rodillas y le rogué a Dios que sanara a mi madre.  Le prometí a Dios, que haría cualquier cosa sí él solamente contestaba mi petición.  
Para mi asombro, mi madre sanó completamente y ella vivió 40 años más después de ese evento.

Mi promesa a Dios fácilmente la olvidé, aunque la hice en un momento de gran angustia.  Mi abuelita muchas veces me había llevado a su iglesia, donde entendí el mensaje del amor de Dios a través de Jesucristo. Yo sabía que Dios me amaba y me quería bendecir con su voluntad.  Pero, rebelde, yo escogí mi propia voluntad y rechacé la voluntad del Señor.  A la edad de 17 años tome “prestado” un carro, sin permiso del dueño, y me estrellé contra el auto del pastor estudiantil de una iglesia de Los Hermanos.  Él me llevó a su iglesia y ahí escuché otra vez, lo que había oído con mi abuelita.  Así que ésta vez, no tuve más que enfrentarme a mi Creador y dejar que él girara mi vida en la dirección que él quería.
Al terminar la prepa, ingresé al Instituto Bíblico de Los Ángeles, California (Biola) en el centro de la ciudad.  Como estudiantes de Biola teníamos que participar en un ministerio cristiano.  Algunos de mis compañeros y yo, nos dirigimos a “Skid row”, un lugar de cantinas y borrachos, a  pocas cuadras de la escuela.  A los 18 años, comencé a predicar en las calles del decaído barrio, con permiso oficial y legal de la cuidad para hacerlo.
Entonces, fui grandemente sorprendido del poder de la Palabra de Dios. Vi a varias personas, sin esperanzas ni rumbo, ser transformados en nuevas personas por la gracia de Cristo. Se acercaban a comer gratis lo que las misiones les ofrecían, y luego escuchaban el mensaje de la Palabra de Dios. Y algunos de ellos cambiaron sus vidas para siempre. ¡Hasta diáconos y pastores de iglesias salieron de allí!  Antes, ellos se levantaban en las mañanas para mendigar dinero “para una taza de café”, y luego  -al juntar suficiente- corrían por el vino barato. Y ahora, eran completamente otros. Creo que mi determinación por alcanzar a los perdidos nació de allí.

En Biola también tuve otra bendición, conocí a  la dama más cristiana que jamás he conocido en toda mi vida. Su nombre es Amy Petter; ella proviene de una excelente familia menonita del estado de Montana, en los Estados Unidos de América.  Amy es una mujer de muchos talentos, muy amable que fácilmente perdona y que le gusta mucho la música. Toca el piano y otros instrumentos musicales.  Siempre está leyendo y aprendiendo.  Su libro favorito es la Biblia, que llegó a ser el libro en nuestra propia familia.  

Al finalizar, ambos, la carrera de cuatro años, de Biola, nos casamos en Lame Deer, Montana, el 14 de julio de 1957.  En agosto, de ese primer año de casados, nos encontramos estudiando en Grace Theological Seminary en Winona Lake, Indiana.  Ahí me recibí, en 1960, con una maestría en Divinidades. Y luego pasamos un año en Montana, yo como pastor de una iglesia Cheyenne, fruto del trabajo misionero del doctor Rudophe Petter, abuelo de Amy.

Rudophe Petter, vino de Suiza a Estados Unidos, como misionero para traducir  la Biblia en el idioma de los indígenas Cheyenne.  Al tiempo, su hijo, Valdo Petter, se recibió del Instituto Bíblico Moody de Chicago, Illinois (1923) y casó con Laura Rohman. La hija de ellos es Amy, ahora mi esposa por más de 50 años.

Como pastor en Montana, pronto aprendí a montar caballos y a saborear  la vida de un “cowboy”.  Comí ostiones de los montes y supe de cazar animales y de pescar. Pero mi vida no estaba ahí.  Como nací en Los Ángeles, California, soy ciudadano norteamericano, pero también de nacionalidad mexicana por mi padre. Hubo un tiempo donde llevaba los dos pasaportes.

Nos fuimos, mi esposa con nuestros tres hijos pequeños a la ciudad de México, en 1962 a compartir el evangelio de Jesús.  Allí vivimos por 20 años donde reclamé mi ciudanía mexicana sin perder la norteamericana.

En la capital de México, también estudié  en la Universidad Autónoma de México, las maestrías de letras españolas e historia de México.  Pero no completé mi titulación por no haber hecho las tesis requeridas. Sin embargo, sí logré hacer mi tesis para recibirme del seminario Grace con una maestría.  Lamento no haberlo hecho en la UNAM porque fácilmente hubiera sacado mi doctorado.  
En México Amy, mi esposa, y un servidor, fuimos maestros de inglés en la UNAM.

Ahora de nuestros tres hijos, tenemos cuatro nietos. En Julio del 2016 cumpliremos 59 años de casados, con el favor de Dios. Dios nos ha dado a mi esposa y a mí, muchos buenos discípulos, pero mis hijos y nietos se encuentran entre los mejores de ellos.

El ministerio de la Palabra sigue adelante en nuestras vidas. He visto  borrachos, drogadictos, pandilleros y otros más, llegando a Cristo. Personas que se convierten a Dios y pasan de ser piltrafa humana, a una vida productiva en  la sociedad.  Nuestro ministerio sigue adelante a través de nuestros hijos, nietos y discípulos. Tenemos pastores en nuestra familia hasta la quinta generación por Amy, mi esposa. Desde Biola nos involucramos en deportes y fuimos a varios países latinos predicando la Palabra. De ese modo no sólo llegamos a México sino a Guatemala, Cuba y a otros lugares.  

Estuvimos en México con la Iglesia de Los Hermanos para iniciar obras para nuestra denominación.  Comenzamos iglesias en México, Guatemala, y Los ángeles, California. También ayudamos hacer lo mismo en Cuba.

Durante nuestra estancia en México, amisté con uno de los mejores obreros cristianos que he conocido.  Su nombre es Juan Isáis. Él fue egresado del SETECA, Seminario Teológico Centro Americano, en Guatemala, Guatemala. Y tuvo un ministerio tremendo y grandemente bendecido por  Dios.  Sus cánticos cristianos fueron totalmente aceptados en toda América Latina, tanto como sus consejos y seminarios para iniciar nuevas iglesias.  Juan Isaías hizo miles de discípulos, de los cuales, yo me considero uno de ellos.  Juan  comenzó dos campamentos en México y también levantó la revista cristiana, Prisma. Ahora estas obras son guiadas por su hija, Sally Isáis Ramirez.  

Juan Isáis me animó a escribir en su revista.  Creo que en total he escrito más de 350 artículos, muchos de ellos publicados en un periódico hispano local en Columbus, Ohio. Actualmente, solamente escribo para la revista Prisma.

Aún me acuerdo del primer escrito que hice para Juan y su revista. Él me revisó todo, y después cuando lo leí, sólo reconocí el título del artículo y el nombre del autor: yo mismo. ¡Por las muchas correcciones que necesitó mi escrito!  Gracias a Dios, él siempre me ha dado muy buenos y buenas editores. No solo Juan me revisaba mis escritos, sino también su esposa, Elizabeth, quien fue una de las mejores editoras que he conocido.  Ellos comenzaron un seminario anual para escritores en México D.F. Yo asistí  a ellos y aprendí mucho.

Juan Isaís y Elizabeth también, fueron grandes ejemplos para mí, y para muchos, como buen matrimonio cristiano. Llegamos, las dos familias, a ser muy buenos amigos.

Ahora, oficialmente soy jubilado como pastor (agosto de 2015) de la obra hispana, Grupo Amor Cristiano, de Northwest Chapel Grace Brethren Church.

Desde que mi mamá estuvo muriendo, en aquel hospital cuando fui niño, hasta ahora veo que Dios me ha guiado para su servicio en la enseñanza de Su Palabra. Actualmente me encuentro en esta etapa de mi vida, comenzando la fundación, Greater Benefits Foundation, que tiene como meta lograr beneficios para aquellos que no tienen ningún beneficio.  Dios me ha dado algunos muy buenos amigos y obreros para lograr esto.  Con el favor de Dios, el primer paso será publicar mi primer libro: “Conquistando el Enojo Abierto y Oculto”, y con esa base lograr  ayuda  para los  necesitados.

Oro para que Dios me siga bendiciendo mucho con amigos, colaboradores y fondos para lograr este propósito y otros más que Él nos presente y quisiera poner a nuestro alcance.

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