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EL PINTO VIEJO                                    Por Felipe Güereña A.

El Pinto Viejo es el caballo jubilado que conocí en el estado de Montana, en los Estados Unidos del Norte. Pinto Viejo le pertenecía a un vaquero también jubilado. El caballo tenía muchas canas por la vejez y se veía muy cansado, pero era muy mimado por su dueño. Era tan viejo ese animal, que probablemente ¡ni para carne de perro servía!  Aun así, tenía un espacioso corral y su granja particular donde podía refugiarse del frío, de la lluvia y la nieve.  También el caballo tenía su dormitorio privado. 
Le pregunté a la hija del dueño, ¿por qué cuidan tanto a ese caballo y le dan tal atención especial? ¡Hasta le alimentaban cuantas veces quería!   Ella me contestó diciendo: fue el mejor caballo vaquero que mi papá ha tenido.

Por eso su dueño decidió recompensarlo por su fidelidad y excelentes hábitos de trabajo, dejándolo vivir lo más cómodamente posible todos los días de su vida hasta que le llegara la muerte. Si la fidelidad y la gratitud se pueden dar fácilmente a un animal, ¿cuánto más se pudiera esperar al recompensar los servicios de una persona?

En la biblia se lee el caso de un prisionero anciano, el rey Joaquín, quien anterior a su cautiverio había sido rey de Judá. Después de treinta y siete años de estar encarcelado, un nuevo rey subió al trono de Babilonia; Evil-Merodac, y le extendió gran amabilidad y ternura. El nuevo gobernador le habló muy amablemente al rey prisionero, no solo mostrándole afecto y respeto, sino que también lo libró de la prisión. El anciano fue puesto al mismo nivel que los príncipes de Babilonia.  Es más, fue levantado a la posición más alta posible y le invitaron a comer en la mesa del rey y sus nobles, todos los días de su vida hasta su muerte.  (2 Reyes 25:27-30; Jeremías 52:31-34)

Hay veces que la respuesta a la amabilidad y ternura abundante es de gran gratitud.   En la novela, El conde de Monte Cristo, el personaje principal, Edmond Dumont, le perdona la vida a un pirata asesino. El pirata en su fervor de agradecimiento, se entrega a Edmond Dumont como su siervo fiel y constante por toda su vida. 

En el nuevo testamento de la biblia, los apóstoles de Cristo reconocieron a su Maestro como el mesías prometido, quien murió en la cruz y se levantó de los muertos para salvarles del pecado y del mismo infierno.  Por lo tanto, ellos se llamaron esclavos de Jesucristo por toda la vida; en inglés, bond slaves. 

Sin embargo, la ternura y la fidelidad a los animales y a la gente no siempre produce agradecimiento. La gente puede ser muy mal agradecida.  Hay quienes se sacrifican, dando su tiempo, dones, energía y recursos para ayudar al prójimo, y algunos, les responden como traidores y aun, como enemigos.  Ser ingratos, en la biblia, es pecado: leer 2Timoteo 3:2.

En Proverbios 12:10, se lee: “El justo cuida la vida de su bestia, más el corazón de los impíos es cruel.”

Hay por lo menos dos maneras en que los malos pueden responder a la gran amabilidad y ternura.  Pueden rechazarla totalmente y menospreciarla, o pueden permitirse ser llenos de agradecimiento por la demostración de tanto amor.  La responsabilidad y la gracia que se da a los animales, como en el caso del Pinto Viejo, son acciones preciosas en la vida.  Si un cautivo enemigo es perdonado y tratado con respeto y amor, ¡cuánto más deberíamos hacer con los que compartimos la existencia de la vida cotidiana! 

Esa es la manera en que Dios quiere que lo hagamos con todos, tratar a los demás con ternura y amabilidad, sin importar si nos tratan con odio.  Durante toda la vida, hasta la muerte, es mejor que seamos amables, perdonadores, fieles y responsables en todo lo que decimos, pensamos y hacemos. 

Proverbios 10:12 dice: “El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas”.


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