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Greater benefits for many in their daily battle of life.
EL PODER DE ANIMAR            Por Felipe Güereña A.

Uno de los regalos más grandes que ha dado al hombre es el poder de animar.  Esto fácilmente se hace hablando tiernamente y  levantando al prójimo.  Muchas veces también se puede lograr con palabras escritas con los mismos énfasis en la compasión y la misericordia.   Esto se hace para inspirar a la gente que creen en sí mismos y en sus capacidades.  Todos son nacidos con dones desde el momento que existen.  Cuando se conocen estas virtudes, pueden ser pulidas y disciplinadas para sacar lo mejor para todos.  
Dirigiendo a los niños para que sean lo mejor posible desde su niñez puede ser muy provechoso para ellos y para los que están motivándolos.  Pacientemente y amablemente ayudándoles con sus tareas escolares,  hogareñas y todas sus actividades, dan muy buenos resultados.  Esto produce gente honesta y trabajadora que sería de mucha ganancia para el hogar y la sociedad.    “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él, Proverbios 22:6.”  Parece que una de las cosas que este versículo bíblico nos enseña es que si encaminamos a la creatura en sus talentos siempre los va usar bien aun en su vejez.  Seguramente esto se hace con mucha gentileza, diligencia y afección.  
Claro que enojos negativos para tumbar, humillar y lastimar hace todo lo contrario.  Regañando y acusando a los niños diciéndoles que son malos e inútiles ha producido asesinos y criminales.  Hay veces que encontramos a gente adulta que han sido emocionalmente y físicamente muy lastimados en sus hogares.  Tratar de restaurar y sanarles  a una nueva comprensión de la vida y de si mismos, puede ser un gran reto y muy agradecido.  Hay un dicho que dice: “Los palos y las piedras me pueden lastimar pero las palabras  nunca me han a dañar.”   Pero no es cierto, porque los crueles dichos pueden causar más dolor que los golpes físicos.  Hay  muchas veces que las palaras se dicen con toda la intención de hacer el más  daño posible.  
Una vez conocí a una señorita que estaba muy confusa y profundamente lastimada por las palabras de su madre.  Esta joven estaba sentada atrás de mí en un avión.  La mama de esta mujer le dijo: “El peor momento en mi vida fue el día que tu naciste.”     Pase unas horas compartiendo con ella el amor de Dios para ella.  Le dije que el día que ella invitara a Dios en su vida atreves de Jesucristo habrá regocijo y alegría en el cielo por ella.  Sin decir alguna otra cosa, ella se echó en los brazos de un amoroso Salvador.   Nunca la vi jamás, pero cuando la deje, ella estaba llorando de gozo que Dios tanto la amó que Jesucristo murió por ella en la cruz.   Reconoció que Cristo estaba vivo y que se había levantado de los muertos para salvarla y guiarla en toda su vida.  
En otra ocasión, una joven pareja matrimonial vino a verme porque se estaban destruyendo con malditas palabras.  Todo comenzaba cuando la Señora constantemente le insultaba a su esposo, menospreciándole.  Él dijo ya no aguantaba más y que con toda pena, se iban a divorciar.   Pero vinieron a verme como una última esperanza de quizás podrían componerse.  Comenzamos preguntándole a la dama que nos dijera como fue creada desde su niñez en su hogar.  Nos relató que desde que se recordaba siempre fue tumbada y burlada y sus padres se lastimaban verbalmente unos a los otros.  Tomó como una hora recordando las muchas crueles expresiones que fueron dirigidas a ella.
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