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EL PODER DE PERDONAR                            Por Felipe Güereña A.

El odio siempre se sostiene con mentiras y calamidades.   Esta verdad ya era conocida hace tres mil años como está escrito en Proverbios 10:18: “El que encubre el odio es de labios mentirosos; y el que propaga calumnia es necio.”  Odiar es lo más fácil para cualquiera, porque la humanidad es de naturaleza pecaminosa. Al perdonar ya no existe el menosprecio dominante. El perdón despide la amargura, las mentiras, el orgullo y la boca perversa.

Una persona arrogante normalmente se levanta a sí mismo y siempre cree tener la razón; baja a su prójimo habitualmente.   Al odio le gusta los desacuerdos, y se encamina a conflictos que muchas veces provoca enemigos. Esto fácilmente se ve el mundo de la política.  Los países que adoptan la práctica del odio, se dañan a sí mismos y a otros también. Su orgullo los convence que están bien, aunque estén muy mal, y el resultado puede ser la destrucción y la muerte.  

En la iglesia los desacuerdos no siempre son amables.  Dios no está confundido o enredado, pero pareciera que sí cuando sus siervos se pelean verbalmente y físicamente.  Tales pleitos dejan heridas emocionales y la iglesia se divide. Si se dejan sin resolver, perdonándose, muchos de los enfrentados van a otra iglesia para repetir su desgracia.  El orgullo y la arrogancia no se pueden esconder en la iglesia. Allí es el lugar donde la mansedumbre y el perdón deben encontrarse. Esto se dice fácilmente, pero difícilmente se logra.  El orgullo no se deja humillar.

Cuando el comunismo arrancó en Rusia, hubo revoluciones y matanzas constantes. Una de las víctimas fue León Trotski.  Buscó un lugar seguro para escapar de sus propios camaradas quienes le procuraban la muerte. Se escondió en la capital de México, en Coyoacán.  En el 20 de agosto de 1940 fue asesinado en ese lugar por uno de sus enemigos.

Todos los que estaban de acuerdo con la doctrina comunista, fueron reconocidos como grandes intelectuales.  Los que hicieron público su desacuerdo fueron eliminados como León Trotski, o encarcelados. Este tipo de socialismo odia a sus oponentes y los considera muy tontos, casi idiotas.  Todo el sistema fue un gran fracaso. Los mismos rusos así lo declararon décadas después. El comunismo se menospreció en todo el mundo. Todas las promesas fueron mentiras. Lo que hicieron fue detener los derechos de la gente y sus pueblos.  

Los enemigos principales del comunismo fueron los creyentes en la biblia.  Su Dios, sus enseñanzas para vivir y morir. La biblia, aunque ha sido atacada por muchos siglos, sigue siendo un gran documento importantísimo para todo el mundo.  Nunca se pudo borrar la iglesia cristiana. También los que sufrieron mucho fueron los originarios del Antiguo Testamento (los judíos). Casi fueron exterminados varias veces, pero siguen existiendo y  muy bendecidos.

El perdón tuvo que sanar las civilizaciones.  Japón atacó Los Estados Unidos del Norte en 1941. El 6 y el 9 de agosto de 1945, Estados Unidos lanzó ataques nucleares a los poblados japoneses de Hiroshima y Nagasaki.  Ahora, ambos países son de los más grandes y poderosos del mundo. Parece que la razón más grande por la que Japón es una nación tan prospera y poderosa es su habilidad de perdonar.  Jesucristo dijo: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas. Tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.  Ver Mateo 6:14-15.


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