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SESENTA AÑOS                                         Felipe Güereña A.

Sesenta años de casados es lo que, mi esposa, Amy,  y yo  vamos a celebrar el 14 de julio de 2017.  Tenemos todo ese tiempo de matrimonio.  Han sido años, de mucho trabajo y de mucho ejercitar el perdón, el uno hacia el otro.
Tengo que confesar que Amy fue quien me enseñó a perdonar y a cambiar, para que ambos fuéramos buenos esposos y padres. ¡Doy gracias a Dios por haberme dado tan excelente esposa, dama cristiana, madre y abuela! Claro, ella viene de un buen hogar cristiano. Sus padres y abuelos fueron entregados a Cristo. Así que, yo fui receptor de la muy buena herencia recibida de ella. 
Me acuerdo que, cuando nuestros hijos estuvieron en su vientre, ella les leía, cantaba y oraba por ellos.  Por mi  parte, tengo que decir, vengo de un hogar descompuesto, con padres divorciados.   El resentimiento y el enojo fueron normales para mí. En mi casa, no me acuerdo que practicáramos el perdón, ni me acuerdo que alguien pidiera disculpas a nadie. Todos guardábamos rencor contra todos.  Una vez, recuerdo, visité a un tío que no lo había visto en años.  Me senté con él y le dije que lo había extrañado y  que era un placer verlo de nuevo. Él, me abrió su corazón y vació su amargura y resentimientos que tenía contra mis abuelos y el resto de la familia.  Escuché sus lamentos por casi una hora.  Jamás regresé a visitarlo. También traté de llevarme bien con sus hijos, mis primos, pero ellos fácilmente se dejaron  lastimar y hace mucho que no los he visto. 
Sin decir más, Amy se casó una persona herida y descompuesta.  Ella tuvo mucho trabajo para construir un buen matrimonio.  Tanto pronto, nuestros hijos nacieron, ella les comenzó a leer, especialmente historias de la Biblia.  Ella me dijo: “Felipe, si tú no les lees a tus hijos, ellos van a pensar que la lectura es solamente para mujeres.”   Pronto vi la verdad de su plegaria.  Entonces comenzamos a tener como familia, tiempo de lectura diaria de la biblia y cantábamos y orábamos juntos. También  tuvimos juegos de mesa para toda la familia. Yo,  muy rara vez me recuerdo que hice algo parecido al crecer.  Pero, ahora, esto es normal para nuestra familia. 
Amy ama la lectura de buenos libros y de la biblia, así fuimos creando una biblioteca para nuestros hijos.  Las revistas y los periódicos eran parte de nuestra casa.   Ella por fin juntó un archivo de cerca de 500 libros para la familia, casi todos comprados en las tiendas de segunda mano. Yo, también, me hice lector de buenos libros.  Tuvimos tiempos especiales para toda la familia, aún jugué deportes con ellos.  
Fuimos y visitamos su mamá muchas veces, porque Amy es originaria del estado de Montana, en los Estados Unidos. En esos viajes  la visita al Parque Nacional de Yellowstone fue algo especial para nosotros, sobre todo la montaña Rushmore. 
Dos de nuestros hijos nacieron cuando fui estudiante del Seminario Grace, en Winona Lake, Indiana.  Mi esposa me ayudó en todos mis estudios. Durante nuestro noviazgo, cuando cursaba la carrera universitaria, y ya como mi esposa, cuando estudié en el seminario. Ella pasó todos mis temas a máquina de escribir.   Ella siguió siendo de mucha ayuda a sus hijos, y  luego, a sus nietos, que ella ayudó a criar.  Puedo decir, que cualquier persona que ella tocó se hizo mejor por su influencia.  Ahora todos nuestros hijos y nietos son traga libros, músicos, y cristianos que saben perdonar y amar, así como ella ama y perdona. 
Cuando fui pastor en la ciudad de México, los mejores discípulos resultaron ser los que vivieron con nosotros, por una u otra razón.  Claro que, principalmente, fue por la influencia de Amy  quien les recomendaba muy buenos libros para leer y por su consejo personal. Nuestra congregación pronto se dio cuenta que los mejores entre ellos, eran los que vivían con nosotros.  Por fin me dijeron: “pastor no todos podemos vivir con ustedes, pero sí queremos ser mejores cristianos.”   
Nuestros discípulos no pueden vivir con nosotros. Pero yo tengo el privilegio de vivir, por 60 años, con Amy. 
Reconocemos que Dios Todo Poderoso nos ha sostenido fieles a Él, y uno al otro.  Una vez alguien le preguntó a Billy Graham, al completar 50 años de casado: ¿cómo se hace esto? Él contestó: “un buen matrimonio es el resultado de la unión de dos personas muy buenos para perdonar.”  En mi caso, yo  he sido el beneficiado con una persona muy grande para perdonar. Mi esposa me enseñó, con su ejemplo, cómo perdonar.  A la misma vez digo; a Dios sea la gloria por su bendita gracia que nos ha mantenido.  “Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de resbalar”.        (Salmo 116:8)
  
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