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TENGO  QUE  AMAR  A  LA  MANSEDUMBE        Por Felipe Güereña  A.

La mansedumbre es un concepto muy  mal entendido entre el liderazgo.  Moisés, el gran líder judío de la antigüedad, fue reconocido como muy manso (ver en la biblia libro de Números, capítulo 12, verso 3).  Otro dicen que era muy  humilde.  Tal parece que la humildad y la mansedumbre van  juntas. Por otro lado, el diccionario señala  dos definiciones de mansedumbre. Una es positiva  y la otra muy negativa. La primera propone que la mansedumbre es la cualidad de  alguien muy paciente y sufrido. La otra declaración afirma que es la característica del deficiente de espíritu  y de valor. Con todo respeto al conocimiento de estas ideas, es del primer significado que nosotros hablamos aquí.  
 
Líderes con mansedumbre han sido  fuertes de carácter y  no les faltó nada de valor.   
En los tiempos  modernos ponemos  en esta lista a  Benito Juárez y a Lázaro  Cárdenas  (expresidentes del pasado reciente de México). A Martin Luther King, a Abraham  Lincoln, y  quizás  a John F Kennedy y Ronaldo Regan  (personajes de la historia de los Estados Unidos).  Todos ellos fueron  honestos, y no hubo ladrón entre ellos. Hablaban la verdad y siempre trataban de eliminar  la mentira de sus palabras. Intentaron lo  más posible, hacer justicia a la gente. La mansedumbre es una virtud excelente. Todo lo contrario al orgullo y a la necedad.  La mansedumbre les da a las personas el deseo de aprender siempre y aún, de ser corregido.  “El que ama la instrucción ama la sabiduría; más el que aborrece  la reprensión es ignorante”. Libro de Proverbios, capítulo 12.
 
Cuando Moisés tuvo la carga de  juzgar al pueblo, su suegro le aconsejó muy bien, de repartir esa responsabilidad con otros hombres muy bien capacitados.  Con gusto Moisés le hizo caso y le fue mejor en su tarea de gobernante.  “Él tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; más el que escucha la corrección tiene entendimiento”.    (Ver libro de Proverbios, capítulo 15, verso 32).
Leer buenos libros y la Biblia le da al lector información importante, buenas ideas y excelente consejos: “Porque el mandamiento es  lámpara  y  la enseñanza es  luz y camino de la vida las reprensiones que te instruyen”, (libro de Proverbios, capítulo 6, verso 23).
Jesucristo se llamó a sí mismo manso y humilde  de corazón,  e invitó a todos a aprender de él. Jesús trató a la gente amablemente, les habló amablemente y les sirvió amablemente.  Cuando sacó a la luz la hipocresía de los religiosos, lo hizo con voz muy gentil y con una actitud sin enojos. “El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas”. (Proverbios 10:12)   Aquí está –en el amor- la mansedumbre en toda su mayor gentileza.
 
No hubo otra persona en la tierra, tan mansa y poderosa como Jesucristo. Él tuvo la pasión para llorar con los heridos y el valor para perdonar a cualquiera y donde fuera.   En la entrada del templo,  perdonó y empoderó a una prostituta para que viviera una vida santa. La recató del mismo infierno. Estando Jesús en la cruz, le prometió a  un ladrón arrepentido el  paraíso. Todos sus discípulos dejaron atrás sus iras y odios y lo siguieron todos los días de sus vidas, hasta la muerte. Entonces fueron hombres capaces de controlar su ira y su tendencia de condenar.

Cristo dijo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”  (libro de Mateo, capítulo  5, verso 5).   Parece que cuando por fin llegue el reino de Dios, solamente los mansos entrarán.  En Jesucristo, la mansedumbre no es débil,  sino una poderosa  vida de dominio propio. La mansedumbre les ayuda evitar el mal, para escuchar y aprender.  “Bienaventurados los que tienen hambre  y sed  de justicia, porque ellos serán saciados”.(Libro de Mateo, capítulo 5, verso 6).    
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