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TENGO QUE AMAR A MI ESPOSA                Por Felipe Güereña A.   

Amar a la esposa es una gran tarea. Si deseo un matrimonio exitoso, tengo que amar a mi esposa. Proverbios 18:22 dice: “El que halla esposa, halla el bien. Y alcanza benevolencia de Jehová.” 
La intención de Dios es que el hombre sea bendecido con una esposa.  En el Nuevo Testamento leemos que Jesucristo, en una disputa,  contestó a sus discípulos diciéndoles que en el principio Dios hizo una mujer para un hombre.  Por lo tanto, los seguidores  de Cristo son instruidos a tener solamente una esposa.  En cualquier matrimonio, hay una lucha del ser; persistir en el nosotros y no más en el yo. El centro de la batalla es contra la arrogancia y el orgullo.

Generalmente, al nacer un niño o niña, son tratados como una joya especial que ha llegado al  hogar. Pero, si el amor constante se pierde en la infancia, puede producir una vida descompuesta donde falta el ingrediente mayor, el amor. Y quizás,  esa persona hasta se asociará  con  criminales, con tal de ser aceptado y apreciado. Sin embargo, muchos superan esta carencia y son bien conformados en sus vidas de adultos.

El amor propio es muy necesario para tener una vida victoriosa en todos los aspectos de la existencia. Pero,  también el amor propio  puede ser un elemento muy destructivo en el matrimonio.  El amor pide disciplina y sacrificios para la persona amada.  Muchas veces, si no es que siempre, el “yo” se tiene que bajarse y aplastarse, al buscar lo mejor para el “nosotros”; la esposa y los hijos.  Al nacer los hijos, inmediatamente, pasan a ser parte del nosotros.

Un problema grande en los matrimonios es que uno, o los dos, vienen de un mal hogar con horribles ejemplos. Por lo tanto, algunos salieron de sus casas diciendo: “No creo en el matrimonio, porque no funciona”  La guía bíblica nos ayuda a fijarnos cómo avanzar en el camino de la vida: “Honra tu padre y tu madre”. “No matarás”. “No cometerás adulterio”. “No hurtarás”. “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”. “No codiciarás -la esposa- la mujer de tu prójimo”.  “Maridos, amen a vuestras mujeres, y no sean ásperos con ellas”. (ver Colosenses, capítulo 3, verso19)
Pero Jesucristo da un mandamiento que parece contradecir a todo esto en San Lucas 14:26.  “Si alguno  viene a m , y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos y hermanas,   aun también su propia vida no puede ser mi discípulo. Sin duda alguna, aquí Jesucristo proclama que él es primordial en todo y entre todos.  En Efesios, capítulo 5, verso 25, se nos dice; “esposos, amen a vuestras mujeres como Cristo amó la iglesia y se entregó por ella”. Dios siempre debe ser primero, en todo, y en toda nuestra vida.  Si le obedecemos a él, entonces tenemos que amar a nuestra esposa, familia, amigos, tanto como le amamos a él. Si Dios es primero en mi vida, también lo es mi esposa, familia y amigos.

Muchos hombres,  en la ceremonia de casamiento,  prometieron  a su cónyuge,  amarla, protegerla, sostenerla con todo lo que tuvieran, siéndole fieles siempre. Ellas también hicieron las  mismas promesas a sus respectivas parejas.  ¡Qué lástima que casi siempre se toman esas palabras a la ligera! 

La biblia nos  enseña cómo amar a la esposa. La esposa tiene que ser sostenida, perdonada y animada. Servida y tratada amablemente.  Se hace con mucha gentileza  y con todo respeto a ella y  a sus dones. Ella tendrá muy buenos consejos para ti. Hay que hacerle caso. La señora es un tesoro que Dios mismo le da al hombre. Proverbios, capítulo 19, verso14, dice: “La casa y el dinero se heredan de los padres, pero la esposa inteligente es un don del Señor.”
Además, la biblia nos instruye a vivir con las esposas con entendimiento, dándole honor como al vaso más frágil, para que nuestras oraciones no tengan estorbo. Ver I Pedro, capítulo 3, verso 7.

Por todo esto tenemos que amar a nuestras mujeres porque Dios así nos lo ordena, para ser felices viviendo juntos con ellas.
  
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