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TENGO QUE AMAR A MIS ENEMIGOS                    Por Felipe Güereña A. 

Amar a nuestros enemigos es imposible.  La pura naturaleza de la situación nos prohíbe cumplir ésta tarea. Si es difícil tratar de llevarse bien y perdonar a los amigos y familiares, ¡cuánto más difícil es lograrlo con los enemigos!
Muchas veces los sentimientos son fácilmente lastimados por palabras crueles, malas actitudes,  acciones y desacuerdos.  Es consejo bíblico en el libro de Proverbios, capitulo 17, verso 9, dice:   “El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta amigos”. La biblia nos enseña a no hablar, ni pensar en ninguna mala palabra  o mala intención hacia ti o a los tuyos.  Esto solamente puede causar divisiones y resentimientos que pueden permanecer por años, y aún por muchas generaciones.  Que esta mala práctica no tenga dominio sobre nosotros.  
 
Distintos puntos de vista se encuentran donde quiera, sea entre amigos o conocidos.  En el primer siglo de la iglesia cristiana se hallaban diferencias de opinión tan igual como suceden en los días presentes.  El apóstol Pablo escribió una carta a una de las iglesias que él había comenzado y conocía íntimamente. Allí dos damas estaban peleadas. Pablo escribió: “ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor”. Carta a los filipenses, capítulo 4, verso 2. Pablo pide a toda la iglesia que se alejen de enemistades. A cada una de estas mujeres, él personalmente y públicamente, ruega que estén en paz. 
 
Ser de un mismo sentir parece que fue bien entendido en ese día.  Juan el apóstol dice en Apocalipsis 17:13: “Estos tienen el mismo propósito, y en tragarán su poder y su autoridad a la bestia.”  Tener el mismo sentir es tener el mismo propósito en entregar  voluntad y poder a una alta autoridad divina.
 
La decisión final de cómo responder a amigos y familiares cuando estamos molestos, es dar toda autoridad al Señor Jesús, nuestro Dios y Salvador.  Él  manda que nos amemos unos a otros; como él nos ama, y perdonarnos; como él nos perdonó.  Tu orgullo y tus sentimientos lastimados no deben  persistir por encima de la iglesia, o por encima de tus amigos. De tu parte que no hallan divisiones ni pleitos.
  
Al imitar el ejemplo de Jesús, entonces ahora sí podemos amar a nuestros enemigos;  esperando que éstos no sean los de mi propia casa. Los enemigos muchas veces se pueden identificar fácilmente.
Son personas que nos atacan verbalmente con insultos y veneno.  El deseo de ellos es afligirnos y menospreciarnos todo lo posible y con muchas mentiras.  Cuando hablan contra nosotros, su gozo está en hacer falsas acusaciones para condenarnos.  En la iglesia estos se llaman lobos rapaces en piel de ovejas.  Parecen ser muy piadosos y justos; pero nos equivocamos, ellos quieren  causar daño y si es posible, destruirnos.  ¡Claro que lo hacen en el nombre del Señor! y así aparentar ser honestos y verdaderos.
 
Otro nombre por el cual se les conoce es, ser los  acusadores de los hermanos. 
Sin duda alguna, los acusadores de los hermanos son inspirados por Satanás. Él fue el primero en aparentar ser muy piadoso y justo. Habló tan calmadamente, que fingiendo tener domino propio, engañó a la tercera parte de los ángeles en el cielo. ¡Con razón se le juntan muchos de los acusadores! Los que acusan a los hermanos,  para bajar la estima o reputación  de cualquier persona justa, lo hacen siguiendo la voluntad del dios de este mundo. No importa que lo hagan en la iglesia; es el diablo quien los guía.
Según ellos, están siguiendo la voluntad de Dios, pero es todo lo contrario. 
Aún a ellos hay que perdonar y dar la otra mejilla. Jesús dijo: “Oísteis que se ha dicho: amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.  Pero yo os digo, amad a nuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los os aborrecen, y orad por los que  os ultrajan y os persiguen”. Ver evangelio de Mateo, capítulo 5, versos 43 a 44. 
 
“Si el que te aborrece tuviese hambre darle de comer pan, y se tuviese sed, darle de beber agua; porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará.”   Ver libro de  Proverbios, capítulo 25, verso 21 y 22. 
  
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