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TENGO QUE MATAR MI ENOJO                                    Por Felipe Güereña A.
Tengo que matar mi enojo porque me ciega mi habilidad de pensar y de discernir bien.  “Como ciudad derribada y sin muro Es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.” Proverbios 25:28  En los días tempranos de las ciudades, tenían que construir murallas en todo su alrededor.    Esto era para su propia protección de ladrones y de todos los que quisieran quitarles sus bines y familia.  En el Libro de Jueces en la Biblia, los israelitas eran constantemente robados de sus cosechas y bienes.  Hay un libro entero de la Biblia que está dedicado a la construcción de levantar murallas para el pueblo reconstruido de Israel- El Libro de Nehemías.
En aquel entonces, una cuidad necesitaba paredes para su bien estar.  En el día actual, somos protegidos por una excelente fuerza de policías, departamento de bomberos, hospitales y varios servicios médicos.  Sin todos estos y muchos otros, seriamos indefensos contra desastres y ladrones. 
Lo que nos quiere enseñar este verso Bíblico, que una persona enojada baja todas sus defensas intelectuales cuando es dominado por la furia.  Con esta actitud no puede escuchar a ningún buen consejo ni aceptar puntos de vista contrarios a los suyos.  Hay una muy buena posibilidad que habrá mejores ideas que la suya.   O bien pudiera ampliar sus conocimientos.  Normalmente, el enojo rechaza opiniones distintas a las suyas porque cree que rara vez está equivocado.  Guerras, divorcios, y la perdida de buenos amigos no es ningún problema.  Simplemente todos ellos están miserablemente sin razón mientras tanto yo tengo toda la razón. 
Las murallas eran para nuestra protección.  Estaban levantadas para que no fácilmente se aprovecharan de nosotros.  Sobre todo tenemos que entender que siempre tenemos mucho que aprender hasta el día que muramos.  “El que ama la instrucción ama la sabiduría; Mas el que aborrece la represión es ignorante.”   (Proverbios 12:1)   Hay muchas oportunidades de seguir conociendo más y más y así estar mejorando en toda la vida.  Desechando esto, no podemos avanzar mucho en nuestras mentas y vida. 
Todos buenos negocios siempre están cambiando y mejorando sus servicios,  productos y precios.  Si se niegan en mejorar y buscar nuevos clientes, pronto se acabaran sus comercios.  “Camino a la vida es guardar la instrucción; Pero quien desecha la reprensión yerra.”  (Proverbios 10:17)
Que gran desventaja tiene la persona que siempre despide las opiniones de otros.  No tiene que aceptarlos, pero por lo menos puede conocer y entender a otros y distintas maneras de pensar.  Esto posiblemente le ayude a cambiar para bien y hacer modificaciones necesarias en la vida. 
“El altivo de ánimo suscita contiendas; Mas el que confía en Jehová prosperará.”  (Proverbios 28:25)   Muchos iracundos son tan orgullosos que no pueden ver ningún otro camino sino solamente el suyo.  Pero Dios promete guiar a toda persona que confía en El.  El necio arrogante es tan caprichudo en sí mismo que ni Dios le puede aconsejar.  Pero si le hacen caso a Dios, muchas nuevas maneras de vivir podrán a presentarse.  Qué tal de dar la otra mejillas, y perdonar.  Luego está la invitación de seguir a Jesucristo quien es la persona más humilde que
haya vivido.  Hay tanto que aprender de El, su Palabra y de sus fieles siervos.   Cristo llega a ser nuestro ejemplo y Salvador.   Los seguidores de Jesucristo toman el primer paso para conocerle.  Esto es entregarse a El quien murió para salvarnos de nuestros pecados reconociendo que se levantó de los muertos y así derrotó la muerte y el pecado.   Por este medio nos salva a los que alegremente aceptan su oferta de salvación.
Pero muchos se detienen allí y no le dejan que también sea el señor de sus vidas.  Tiene que dominar en nuestro corazónes y nunca en nuestro orgullo y enojo.  Nuestras capacidades para comprender bien todo y a todos, se bajan y hasta se quitan  cuando estamos  molestos ya sea calmadamente o abiertamente agresivos.  El orgullo el cual es la espada del enojo, (Proverbios 12:18), le impide que escucha y haga cualquier cambio necesario. 
“El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; El que reprende al impío, se atrae mancha.  No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; Corrige al sabio, y te amará.  Da al sabio, y será más sabio; Enseña al justo, y aumentará su saber.”   (Proverbios 9:7-9)   Tengo que matar mi enojo y su fiel compañero, el orgullo.   
  
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