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TENGO QUE MATAR MI REBELDIA                          Por Felipe Güereña A.

La rebeldía es traicionar a alguien o algo.  Es interesante notar que antes que Judas traicionara a Jesucristo, Satanás ya había entrado en su corazón rebelde. (San Juan 13:2).  La codicia parece ser la razón principal de la traición y se inspira por la infidelidad y  la ingratitud (II Tim. 3:1-5).  Si la traición es contra de una persona justa o una causa justa, el engaño es lo menos esperado. 
 
La rebeldía es ser necio, orgulloso, codicioso, desleal, ingrato, irrespetuoso, desobediente y no saber perdonar. Hay que enfrentarse con esa verdad. La rebeldía es un terrible ejemplo que se transmite a los hijos, amigos y discípulos.  Si los hijos y amigos se descomponen moralmente, y legalmente, pudiera ser que el origen fuera el muy mal ejemplo que recibieron de cómo vivir la vida.  Sin embargo, habrá quienes vayan por mal camino aun habiendo recibido buenos principios. 
“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios… porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como idolatría, la obstinación”.   Leemos en el primer libro de Samuel, capítulo  15, versos 22 y 23.  La brujería definitivamente es desobedecer a Dios y seguir a dioses propios.  La Biblia enseña que cualquiera que sacrifica a ídolos, adorándolos, lo hace frente a demonios (I Corintios 10:20). 
La brujería es maldita porque es contra el Dios de la Biblia.   Muchos de los que atacan las Escrituras desechan los Diez Mandamientos y la moralidad que representan,  así como están en contra  de aquellos que obedecen sus preceptos.  Aún, algunos de estos malditos adoran a Satanás y mucho de lo creado.  El Diablo es una hermosa  creatura angelical,  que fue sacada del cielo por su necedad y rebeldía tonta, junto a  muchos otros demonios que le siguieron, porque quiso tomar el lugar de Dios.  En la actualidad, se puede ver porque muchos están dispuestos al desorden y el mal.  El remedio para contra toda esa desobediencia es la mansedumbre, la humildad y la lealtad.
La rebeldía también es acompañada por la necedad.  Lo necio es  rechazar la gratitud, la humildad, y la fidelidad.  Si bien, hay una razón justa para la rebeldía cuando se ésta se levanta contra la iniquidad o la injusticia. Hasta podría resistirse a todos los puntos de vista que condenen la justicia legal y los preceptos piadosos bíblicos.
Cuando la rebeldía se  enfrenta a la justicia recta, justifica su infidelidad con falsas acusaciones, mentiras, y aun con enojo.  (Ver el Libro de Job). 
Nuestra necedad fácilmente nos puede desviar de la verdad o de otro punto de vista válido.
Ser leal  forma parte de ser manso y humilde como el Salvador que seguimos. Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo haré descansar.  Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”.  Mateo, capítulo 11, versos 28 a 30.
Un corazón dispuesto para aprender, inclina su oído a la instrucción y a la sabiduría: “como zarcillo de oro y joya de oro fino es el que reprende al sabio que tiene oído dócil” se lee en el libro de  Proverbios, capítulo 25, verso 12. Esta deber ser siempre la aspiración de los mansos. 
“Y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde; generación que no dispuso su corazón, ni fue fiel para con Dios su espíritu” advierte Dios a su pueblo en el Salmo 78, verso 8.  Dios quiere hijos que le obedezcan.  Tenemos que ser un ejemplo viviente de obediencia.  Si no, nuestros hijos pueden seguir aquellos que buscan sus propios deseos y caminos carnales que darán lugar a la malicia. 
Manteniéndose fiel a su esposa, hijos y amigos nos hará gente dispuesta a escuchar a todos e incluso perdonar al que sea.  Sí se presentaran desacuerdos –como suele suceder en cualquier relación-   se tiene que entender lo más posible al otro; o por lo menos, dar  oportunidades  al otro, de expresarse.  Dejándose llevar por nuestro orgullo siempre nos hace creer que tenemos toda la razón,  y a la vez,  alejamos  a cualquiera con otra opinión o idea distinta a la nuestra.
Una falsa comprensión para alcanzar la felicidad es enseñar a los hijos que para ser feliz hay que hacer lo quieres y no lo que debes. Sin darse cuenta, al principio, esto enseñará a sus descendientes. Y cuando éstos, se vayan desviados tras las drogas y una vida sin Dios, tendrá usted que tomar la responsabilidad de que  fue un mal ejemplo para ellos.  He aprendido que, para darles a los hijos y a los nietos, una buena muestra de fidelidad, hay que tragar mucho orgullo.  Eso hay que hacerlo siempre y constante. Para mantenerse leal y seguir las instrucciones positivas de la biblia, y decir con nuestros hechos: “La mentira aborrezco y abomino; tu ley amo”. Salmo 119, verso 163.  
  
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