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TENGO QUE VER LA VIDA                                           Por Felipe Güereña A. 

Tengo que ver la vida por los ojos de la guía moral más grande que se ha dado a la humanidad: los-Diez Mandamientos.  Fueron dados por el dedo de Dios, escritas en dos tablas de piedra. Por lo tanto, no se tienen que mejorar, ni cambiar, ni ponerlas al día. Son absolutamente correctos en su intención de enseñar al hombre cómo amar a Dios y  cómo amar al prójimo.  Algunos han propuesto cambiarlos, pero siguen firmes como están en la Biblia desde siempre.
 
Los 10 mandamientos son parte de un sólo concepto.  La primera tabla nos dice como amar a Dios y la segunda, como amarse uno al otro. Un buen ejemplo lo tenemos en  Chuck Colso, abogado, altamente estimado y muy bien pagado.  Él fue  consejero y asesor personal del presidente norteamericano Richard Nixon, quien fue tumbado de la presidencia cuando fue partícipe  del acto de corrupción política Watergate. Colson estuvo involucrado y  tuvo que pasar tiempo en  prisión.  Ahí llegó a ser un firme creyente de la biblia y de la salvación solamente por Jesucristo. Luego Chuck Colson escribió  su biografía y otros muchos libros sobre la vida cristiana, convirtiéndolos, algunos de ellos, en éxito editorial y de ventas como libros que más se leían y se compraban.
 
Colson, siendo cristiano, fue a la capital norteamericana (Washington, D.C.), para visitar algunos colegas del pasado.  Ellos se burlaron de él, diciéndole que ya no se necesitaba del cristianismo y la biblia para educar a los estudiantes en las escuelas públicas.  Colson los escuchó cuando comenzaron a discutir  sobre los grandes problemas  en todas las escuelas de la nación. Se lamentaban  porque las escuelas se encontraban plagadas por el robo. Decían, aún la s maestras y maestros son culpables de este problema. Chuck comentó, porque  no escriben en los pizarrones “No robarás.”  

Yo creo que otra buena idea sería también poner allí: “No matarás.”  Sabiendo que sólo por poner estos escritos bíblicos en las aulas, no se acabaría con todo el daño provocado por los criminales. Pero si se hicieran declaraciones positivas  y se señalaría con claridad las acciones erradas, entonces  habría una guía  para el bien. Habría una dirección apropiada para aquellos que si quisieran  ser buenos ciudadanos. Sobre  todo si hay buenos ejemplos a su alrededor.
Si la sociedad cree que robar y matar son incorrectos, se mencionará también el castigo de muerte para los asesinos. Se protesta diciendo que es cruel matar a alguien.  Es cierto. Pero alguien, ya fue  cruelmente muerto cuando fue víctima de un asesino.  Estas sentencias se harán entre  relaciones personales y no en acciones en tiempos de guerra o justicia social.  En algunos países donde no creen en la capital como pena de muerte, hay maneras de alcanzar la justicia, según ellos. Ya sea que han matado a su madre por decir o algún querido.  Se les pagan a las autoridades una gran suma de dinero para dejar escapar al que fue hallado culpable de matar, Luego se les aplica la ley fuga.  Trato de escarpar y tuvimos que disparar.  Lástima que resultó muerto. 

Anunciar los Diez Mandamientos para guiarnos en las sendas de justicia declarando lo que es el bien y el mal abre un camino de esperanza. El ser humano tiene que saber  con certeza cómo actuar.  Parece que muchos no entienden el daño moral, físico y destrucción personal que se logra al incumplir los mandatos de Dios.  Infinidad de calamidades que alcanza a muchas personas se pudieran evitar.  Sabiendo solamente  estas demandas no  va impedir que los apetitos carnales y pecaminosos  vengan a nosotros, pero nos advierten con claridad.
 Una parte de la oración modelo del Señor Jesús es, “… y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.”   Necesitamos la ayuda de Dios. 

El salmista dice “ordena –Señor-  mis pasos por tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí” (Salmo 119:133)  Que también ésta sea nuestra oración.
  
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